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miércoles, 11 de agosto de 2010

MODELO DE SUSTITUCIÓN DE IMPORTACIONES

El Modela de Sustitución de Importaciones en nuestro país respondía a dos situaciones: la necesidad de un mercado más amplio, ya que el mercado interno de Costa Rica y, en general, de los países centroamericanos no le permitía un crecimiento sostenido a la producción nacional y, por otra parte, la dependencia de los bienes industriales importados.

Raúl Prebisch, principal impulsador de este modelo, propugnaba por la necesidad de un cambio orientado a depender en menor medida de los bienes terminados de los países desarrollados mediante la inversión masiva en el área industrial. Así, para que estas industrias fueran eficientes en verdad, era necesario pensar en mercados amplios que abarcaran varios países o zonas geográficas. Como resultado de estas propuestas sé penso en crear una zona de integración entre los países vecinos.

A raíz de esta situación se analizo la necesidad de establecer relaciones comerciales intra-centroamericanas y hacia el exterior, y se gesto la idea del Mercado Común. La decisión de ir hacia la integración de las cinco economías, se toma el 16 de junio de 1951 y el 10 de junio de 1958, se suscribió el Tratado Multilateral de Libre Comercio e Integración Económica. Este tratado fue ratificado por Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua en 1980 y por Costa Rica en 1962.

Sin embargo, el esquema planteado ofrecía posibilidades de crecimiento muy limitadas y, por otra parte, daba origen desequilibrios ocasionados por las oscilaciones de precios de nuestros productos en el mercado internacional, cuyo comportamiento siempre ha estado fuera del control del país. Además a causa de las limitaciones establecidas por la reducida capacidad adquisitiva de los consumidores y por el escaso dominio tecnológico, las nuevas actividades fueron fomentadas por media de políticas proteccionistas de la promulgación de todos los instrumentos jurídicos que conformaron el marco institucional de la integración económica centroamericana, dentro del cual destaca la Ley de Protección y Desarrollo Industrial.

Dentro de una estructura arancelaria muy dispersa a los productores de bienes manufacturados de consumo final se les otorgo niveles elevados de protección efectiva, mientras que los incentivos correspondientes a la producción de materias primas, bienes intermedios y bienes de capital fueron bajos incluso negativos. Esta estructura de la protección efectiva promovió un sector industrial cada vez más intensivo en insumos importados y de poco valor agregado nacional, conforme con las opciones fáciles de sustitución de importaciones se fueron agotando.

Por la situación antes descrita, entre los años cincuenta y los sesenta, la participación relativa de las materias primas para el sector industrial en el total de las importaciones mas que se duplico, al pasar del 18 por ciento en 1957 al 43 por ciento en 1974. Esto también ocurrió con la participación en el total de las importaciones de los bienes de capital para la industria. De esta manera, el sector manufacturero se volvió muy vulnerable ante fluctuaciones en la capacidad para importar de la economía.

Por otra parte, es preciso mencionar que en esta época se realizo un esfuerzo por promover las exportaciones no tradicionales a terceros mercados, sin resultados alentadores, porque la producción destinada al mercado interno estaba tan protegida que no incentivo a los industriales a buscar otros mercados.

En termino generales, durante ese periodo, a pesar del comportamiento inestable de los productos tradicionales de exportación, la economía costarricense disfruta de una gran estabilidad de precios, una política de tasas de interés estables y relativamente bajas y una política cambiaría bastante rígida que mantuvo un tipo de cambio fijo y sobrevaluado, todo lo cual contribuyo a crear un entorno macroeconómico muy favorable para el desarrollo y funcionamiento de las actividades orientadas al mercado interno, dedicadas a la sustitución de importaciones, promovida por los altos aranceles.

“Ahora bien, el modelo de desarrollo adoptado durante la década del setenta, permitió crear nuevas fuentes de crecimiento para la producción y el empleo, y permitió el mejoramiento de la calificación de los recursos humanos, tanto en relación con la mano de obra como a la capacidad empresarial. No obstante, dicho modelo no logro atenuar el problema del sector externo. Al contrario, se caracterizo por establecer nuevas relaciones de dependencia del exterior que sistemáticamente generan un desequilibrio externo conforme aumenta la producción. Ello porque el componente importado de las actividades orientadas al mercado interno y a Centroamérica llega a exceder al ingreso de divisas obtenido por media de las exportaciones tradicionales y por los saldos en dólares, recibidos de la Cámara de Compensación Centroamérica. De conformidad con esta estructura productiva, la economía nacional no logro mantener una tasa de crecimiento superior al 3 ó 4 por ciento, sin que se registraran fuertes desequilibrios en la cuenta corriente de la balanza de pagos. Por lo tanto, la vialidad del modelo estaba condicionada a la generación de ahorro externo nacional”.

Además, a este cuello de botella del modelo económico debe agregarse el desequilibrio financiero del sector publico costarricense, con tendencias al crecimiento desmesurado, menoscabando las posibilidades de éxito.

Por otra parte, a esta crisis interna debe sumarse la crisis internacional: crisis financiera de los años setenta, crisis petroleras de 1973-1974 y 1977-1978, deterioro de los términos de intercambio, deterioro del sistema de pagos intraregional, proteccionismo creciente y crisis política.

Ante esta situación, las autoridades nacionales procuraron buscar una nueva opción de desarrollo que se basara en la promoción de exportaciones, y no en la sustitución de importaciones, impulsando en primera instancia, un “Plan Agroindustrial de Desarrollo”, dentro del marco del concepto del “Estado Empresario”, que entre otras cosas busco industrializar los productos agrícolas para que así tuvieran mayor valor agregado, desarrollando un nuevo sector externo especializado básicamente en el sector industrial y en el de servicios de la economía.

Sin embargo, se relego a un segundo plano el sector primario o agrícola, no se tomaron en cuenta las repercusiones que implicaría su transformación y no previo que el desarrollo deficiente de la industrial nacional dependiente de los insumos importados, no permitirían obtener resultados positivos de esta experiencia.

Por otro lado, la industria alimentaría y de granos básicos no recibió en ese momento él estimulo necesario para su desarrollo y la actividad agroindustrial requirió de insumos extranjeros, por lo que aumento la salida de divisas y contribuyo el endeudamiento externo.

Aunque hubo un año de bonanza cafetalera (1977), el mayor ingreso de divisas fue destinada para contrarrestar el desequilibrio externo, característico del modelo, y postergar la adopción de medidas correctivas al mismo, y registrar una de las peores crisis del sector externo costarricense.
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